Bite me!, Cherly

Bite me!, Cherly

“Necesito comprar las boletas para el concierto de este fin de semana, se están agotando y no podré estar con mis amigas”   -  aquí estoy yo “Cherly” una chica de 18 años de edad que no deja de mascar chicle durante su clase de escritura.  El concierto es un evento único en la vida de una adolescente como yo, el show que marcaría el hito en nuestra generación, se presentaban “Elie & The Vive” la banda de música pop del momento.  Era su última parada de la gira y la que decían iba hacer apoteósica.

Oigo un crujido, miro a todas partes pero no veo nada que se haya movido, “creo mi estómago esta chateándome”  Ojala solo yo lo haya notado. Tengo que admitir que no soy muy buena cuidándome sola, este es mi primer año viviendo fuera de la casa de mis padres y suelo saltarme muchas cenas. Después de la clase voy a la plaza de comidas y me compro un perro caliente, lo pido para llevar y lo guardo en mi bolso.

“No olvides las boletas, tú debes estar allí” oigo en mis pensamientos la voz de Daisy, mi mejor amiga. Tomo al automóvil con rumbo al Novey, el lugar donde están vendiendo las boletas del festival.

Una hilera de luces rojas me indica que hay un poco de tráfico, así que puedo revisar mi iPhone, al tiempo que le doy unas cuantas mordidas a mi snack, el lugar quedaba muy cerca de la universidad así que no pasan más de 20 minutos en llegar allí.

En el parqueadero veo un perro callejero husmeando en la basura.

– Oh que ternurita, voy a compartir mi almuerzo contigo – no puedo resistirme a ayudarlo, amo a los animales y los perros son mis preferidos.

– Ven acá amiguito, Who is a good boy? –Me acerco con precaución llamando al animalito y noto que se pone algo tenso, en modo alerta.

– Rrrrrr – el perro me muestra sus dientes.

– Tranquilo amiguito yo solo quiero ayudarte – avanzo con sigilo, saco lo que queda del perro caliente de mi bolso y él lo huele. Cuando le extiendo mi mano con la comida: “Mother fucker” esta bestia me ha mordido.

– SHIT! – No lo puedo creer.

– OH GOD! OH GOD! – pego un grito y los personas que están a mi alrededor se acercan para ver que me paso.

Yo solo veo mi mano ensangrentada y empiezo a sentirme mal, todo me da vueltas, todo se torna de un color negro.

Cuando recobro la conciencia, veo la cara de un desconocido, un chico apuesto por cierto, que me mira con cara de alivio.

–Que bien despertaste, ya íbamos a llamar al 911– dice el extraño.

Miro a mi alrededor pensando que había sido solo una pesadilla, pero no, mi mano seguía toda ensangrentada y el aspecto era aún peor, se estaba inflamando y tenía un color horrible, no era nada bueno.

– ¿Que le has hecho al animal para que te mordiera?

–Yo solo lo quería alimentar, le ofrecí un poco de mi almuerzo, un bocado de hot dog.

–Alimentando un perro con un perro caliente, DUH! – me respondió el extraño, que tenía razón y no lo había notado hasta ese momento.

–Debes ir a que te revisen eso, el perro que te mordió puede tener rabia y puedes estar contagiada. Si no te la tratas de inmediato puede ser fatal – me aseguro el joven, quien creo está exagerando un poco la situación.

– ¡No! ¿Y perderme el concierto? No puedo faltar mis amigas no me lo perdonarían ya teníamos muchos planes hechos, además yo soy el alma de la fiesta.

–Lo siento pero creo que es más importante tu salud en estos momentos, si no serás el alma en pena de la fiesta.  Y creo que tus amigas no lo apreciarían tanto – dijo él.

Tal vez tenga razón, pienso por unos momentos.

*

– ¿Hace calor no creen? – tengo que gritar para que mis amigas me escuchen.

–No, yo estoy bien. La tarde está fresca además ya bajo el sol – Me responde Daisy.

Me siento arder, toco mi frente y esta húmeda.  En el fondo oigo a  los teloneros del concierto, es su última canción y ya están diciendo adiós. Está por salir “Elie & The Vive” por fin todo habrá valido la pena luego de escucharlos.

–Porque no nos acercamos unas cuantas filas más a la tarima, podremos verlos más de cerca y el sonido será genial–dice Christy otra de mis amigas quien es la fan número uno de ellos, lleva puesta una camiseta de la banda y trajo una pancarta que hizo en su casa.

Daisy me agarra de la mano para acercarnos juntas, pego un brinco y le pego un puño con mi mano sana en el hombro.

–Auuuuu  Cuidado!  No ves que tengo inflamada mi mano – La miro con rabia y dolor al decirle estas palabras.

– ¡Ay! Lo siento, pero no sabía que estabas lastimada – me responde Daisy.

– ¡Pues ten más cuidado de todas formas! – Avanzamos a apretujones y siento que Daisy no deja de mirarme. Además hay tan poco espacio que mi mano me duele con el solo roce de la ropa de la gente, que por cierto hay miles.

– ¡Miren son ellos! –Christy grita y salta de emoción.

Los vemos entrar en la tarima, son divinos, se ven más guapos que en las fotos de Instagram. De repente del escenario salen dragones tirando fuego de mil colores por sus bocas, danzan en el cielo. Luego un arcoíris cruza el firmamento y sobre ellos corren miles de perros, a un lado están los integrantes de la banda con sus guitarras rosadas, se ve como salen las notas musicales que al final forman un pentagrama, sus jeans ajustados y sus camisetas se mueven solos.  Lo veo y no lo creo.

Salto, salto ligera, salto tan alto que puedo tocar las estrellas, su luz me ciega un poco, pero estoy feliz, feliz porque así nadie podrá tocar mi mano, nadie más que el cielo estrellado de la noche.

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